Voy a ir recopilando información de por ahí y haciendo bonitos corta-pega aderezados con lo que nos está pasando a nosotros. En esta tercera semana se ha producido el encuentro entre el esforzado espermatozoide y la huidiza señora óvulo y empieza el numerito.
Lo que ocurre por ahi dentro:
El embrión a estas alturas es sólo un grupo de células que se están multiplicando muy rápidamente. Tras la fecundación del ovocito por el espermatozoide, se fusionan los dos núcleos aportando cada uno 23 cromosomas con la dotación genética de ambos. Por tanto, tu hijo tendrá un total de 46 cromosomas con una información en ellos tuya y de tu pareja. Es importante que sepas que desde el momento de la fecundación, ya está establecido el sexo de tu futuro bebé, y éste viene determinado por el tipo de espermatozoide que fecunde el ovocito: si tiene un cromosoma Y será un niño y si el cromosoma es X, una niña.
Al grupo de células en continua multiplicación se le llama cigoto. De cigoto pasa a denominarse blastómera, luego mórula y posteriormente blastocisto, más adelante adoptará un nombre más prosaico como José Luis o María del Carmen. El blastocisto llega de la trompa de falopio a la cavidad uterina y se implanta en la pared del útero una semana después de haberse producido la fecundación.
Lo que ocurre por fuera:
Pues efectivamente aparecen los primero síntomas como son un agrandamiento de los pechos y una mayor sensibilidad olfativa. Nosotros, como llevábamos ya tiempo en esto de la concepción, pues ni flores, ¿tetas más gordas? pues ole… Es alucinante como las primeras veces el más mínimo síntoma era causa de un alegrón y descorche de champanes que desembocaba, impepinablemente, en chasco cuando llegaba la visita de la tía pelirroja.
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